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viernes, 10 de mayo de 2013

Ingrata la Musa


Estos dos “supuestos poemas” (como yo les digo)  fueron inspirados por dos Musas distintas, aclaro que en distintos tiempos también, para evitar cargos en mi contra.
Están escritos hace mucho tiempo, pero en general cada vez que el amor pasa por mi barrio me ayuda a escribir estas cosas. Así somos los hombres de corazón sensible como dice Dolina.
Los nombres son un poco raros, pero tienen un significado implícito, si a alguien le interesa que pregunte.
Cada uno de ellos fue dedicado, en su debido momento, a su respectiva Musa inspiradora. No dieron el resultado que esperaba,  quizás porque no gustaron o, tal vez, porque otro escribió cosas más lindas o simplemente porque escribir poesía es una tontería para algunas (particularmente prefiero que otro escriba cosas más lindas a que pase esto último). Pero ese es un riesgo que tenía previsto. La ingratitud es moneda común en estos días y aunque no esperaba amor eterno, esperaba, como mínimo, un “gracias por tu tiempo”.
Siempre digo que se ha perdido el hermoso arte de la serenata, de escribir una carta o de mirar a los ojos. Los poetas han muerto y los chamuyeros proliferan, aunque  algunos todavía esperamos el regreso triunfal de los poetas y, aunque efímeros son nuestros esfuerzos, seguimos tratando de conquistar a una Dama con letras y no con abdominales. Tarea difícil la nuestra, en un mundo donde todo, menos la poesía,  entra por los ojos.
He aquí los “supuestos poemas”:

Un rincón en su ladera
Cada mirada suya es un punzón taladrando el cristal de mi cordura.
Ella no lo sabe pero he observado la brisa agitar sus cabellos una noche en que me rehusé a parpadear para no perderme semejante espectáculo.
Ella no lo entiende pero en cada sueño susurro su oído solo para respirar su dulce perfume.
Ella no lo siente pero en cada caricia dejo un fragmento de mí sobre su suave piel.
Quisiera convertir el tiempo en distancia y aunque no soy ambicioso quiero abrasarte, fundir mis brazos en tu sutil silueta y esta vez esperar a que amanezca.
No puedo odiarte pero si dar un solo paso.
Yo se acortar las distancias, solo quiero que tú puedas ignorar el tiempo. Y por favor no te quedes ahí como un claro de luna en el mar de mis recuerdos.

La línea
¿Cuánto estarías dispuesto a dar por una caricia de la mujer a la que amas?
¿Y por un beso?
Un instante es demasiado tiempo para pensar esa respuesta.
Por una caricia mi vida y por un beso la gloria que persigo desde la última vez que me refleje en sus pupilas.
Ella es mi límite, por mucho que intente acercarme solo me confundo en el infinito.
Hay días y horas en que sus recuerdos me murmuran, me ofrecen satisfacción momentánea de saber que por un segundo fui su sonrisa, la misma sonrisa que ahora anhelo. Luego la realidad vuelve a punzar sobre mis hombros y me recuerda que ella es la primavera y yo el otoño, en ella todo florece,  en mí,  las hojas caen.
Es mi inercia de vida, cuando las cosas se detienen por naturaleza yo sigo por ella.
Su ausencia supera mi don innato de sonreírle al mal tiempo.  Nada llena el vació que tengo desde la última vez que invadió mis sentidos.
No es mi droga porque lo que siento no es abstinencia, es más fuerte, tampoco es obsesión, es más complejo.
Ella es una línea que separa lo que soy de lo que era.
La veo en todos los reflejos, la escucho en todos los secretos, la siento en todos los rincones, la huelo en cada flor y la amo a cada momento.